Este es un artículo invitado de Píndaro Peña. Píndaro es anciano y pastor de adolescentes de Iglesia Palabras de Vida. Su pasión es ver establecido el Reino de Dios en la tierra, y colaborar para desarrollar una nueva generación de jóvenes amantes de la santidad y el poder de Dios. Puedes seguir a Píndaro a través de Facebook, Twitter e Instagram.

Si tu vida es como la mía tienes días buenos y días malos, días de mucha alegría y días de profunda tristeza. Es como si en algunas ocasiones las situaciones nos sorprendieran y nos traen pena y un sin número más de emociones desagradables. Voy aún más lejos... por si no lo sabes, muchas de estas situaciones son provocadas por nuestras propias decisiones.

Ahora bien, sea el motivo que sea, ya sea por aquellas situaciones que nos sorprenden y genuinamente nos atacan o sea por malas decisiones la verdad es que de cualquier manera nos afectan.

Las malas experiencias que vivimos tienen la facilidad de poner en manifiesto aquello peor de nuestro carácter y traen a la superficie nuestras peores emociones, siendo «como natural» que nos preocupemos cuando las cosas andan mal.

Recuerdo una ocasión que en el trabajo los problemas se iban acumulando de una manera más rápida que la velocidad con que podíamos resolverlos. La presión iba en aumento y mi buen humor se desvanecía mientras la presión aumentaba. Ahora bien, esto no se quedó solamente en mi trabajo. Al llegar a mi casa mi esposa y mis hijos pagaron con mi mal humor por lo que había vivido en el trabajo. Ahora te pregunto, ¿cambió esto en algo la problemática de trabajo que tenía? ¡Acertaste! ¡No! Más bien hizo mi vida peor porque no solo estaba estresado por mi trabajo sino que yo mismo introduje estrés a mi hogar.

La frustración, el enojo, la vergüenza, la desesperación, el no sentirnos adecuados nos amarga de una manera tal que salpica a los que nos rodean.

«Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados» Hebreos 12: 15

Hoy te traigo buenas noticias: ¡Esto no tiene que ser así!

Aunque ciertamente no controlamos todo lo malo que nos pasa, si podemos controlar cómo reaccionamos ante cualquier situación de nuestras vidas.

«Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.» 2da Timoteo 1: 7

He descubierto como real una enseñanza que recibí de parte de mi pastor hace años cuando este decía que nadie hace a nadie enojarse, que nadie hace a nadie perder su paz, sino que nosotros mismos cedemos nuestro mejor yo ante las situaciones.

El cómo reaccionamos ante las situaciones habla tanto de nosotros como del final que podemos esperar de la situación en sí.

A continuación algunos motivos por los cuales no vale la pena preocuparnos o ceder nuestra paz ante lo que nos pase:

  1. Según la manera en la qué reaccionamos declaramos en que estamos creyendo. Cuando nos preocupamos declaramos que creemos más en la situación adversa que en el bien que Dios puede hacer en ella, ya que el miedo y la desesperación reinan en nosotros. Mientras que si enfocamos lo bueno, si entendemos que todo estará bien, eso habla de que creemos en un bien para nosotros sin importar las situaciones.

    «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.» Romanos 8: 28

  2. Según lo que enfoques así será tu realidad, porque sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6). Nuestra realidad interna definirá nuestra realidad externa. Sólo podrás calmar las tormentas a través de las cuales puedas dormir.
  3. Cuando tomamos una mala postura nos robamos a nosotros mismos de todo nuestro potencial, de toda nuestra creatividad para resolver aquello mismo que nos afecta.

Decide hoy ceder el control a aquel que solo tiene bien para ti, Dios, y así podrás reaccionar bien ante toda situación y verás cómo la situación en sí será manejada diferente. Tendrás un trayecto más placentero mientras la situación se resuelve, la resolución será más fácil, inteligente y rápida de lo que hubiera sido bajo una mala postura y los que te rodean, a quienes amas seguirán recibiendo tu mejor versión, cuidando de esa manera sus corazones.

Para reflexionar. Piensa en la última ocasión que reaccionaste mal ante una mala situación y respóndete:

  • ¿Qué consecuencias trajo tu reacción?
  • ¿Pudiste haber reaccionado de mejor manera?
  • ¿Cómo crees que hubiera afectado esto a la resolución del caso?

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