Las excusas, las quejas y la auto justificación siempre han existido. Incluso desde los tiempo de la creación. La excusa de Adán «La mujer que me diste»; la de Eva «La serpiente que creaste». Para cada circunstancia puedes inventar, acusar, justificar y objetar sobre otros la responsabilidad que te pertenece.

En el artículo «El Evangelio del servicio» escribí un poco sobre Booker T. Washington, me van a permitir mencionar nuevamente a este gran líder, quien dijo «No debemos de permitir que nuestras quejas o excusas opoquen nuestras oportunidades». Bien dicho por un hombre nacido esclavo quien se levantó por encima de toda circunstancia que lo rodeaba.

Estaba determinado a superarse, aprender y enseñar a los demás. Para el 1913 había sido una de las personas de mayor influencia en la sociedad. ¡Tenía todas las razones para no lograr su propósito pero para él no hubo excusa que lo parara!

La excusa es el cáncer del éxito; la carcoma de tus metas; el parásito de tus sueños. Como menciona Serafín Contreras en su libro «Líderes de papel con pies de barro» «La excusa simplemente te paraliza, como le sucedió a un paralítico de Betesda»:

Había un lugar especial para personas enfermas. Era un estanque lleno de agua que cuando era agitada por un ángel, el primero en llegar era sanado. Había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda.

¿Cómo puedo dejar las excusas a un lado, levantarme y seguir adelante?

  1. Reconoce y aprópiate del problema.

    «No tengo quien me meta cuando se agita el agua». Queremos culpar a otros por nuestros fracasos. Lo primero que debemos hacer es identificar cuál es nuestra responsabilidad. No es por tu circunstancia, por tu trabajo, tus padres, tus hijos, tus amigos. Es tu responsabilidad.

  2. Supera las desilusiones.

    «Otro desciende antes que yo». Tú no sabes por qué unas personas tienen éxito y otras no. No permitas que nada de eso te desilusione. Esa es la vida. Pero no debe ser una excusa, simplemente has tu trabajo. Es lo que te corresponde a ti.

    Aprende de los fracasos y sigue adelante. Reconoce cuáles son tus obstáculos y prepara un plan para enfrentarlos.

    «El éxito debe ser medido no tanto por la posición que uno obtiene en la vida, más bien por los obstáculos que uno tiene que superar». Booker T. Washington

  3. Sigue intentando.

    «Jesús supo que llevaba ya mucho tiempo así». Al igual que el paralítico estamos cansados de tratar. Pero tú no pierdas la esperanza y no te des por vencido. La mayoría de personas de éxito han desechado las excusas.

    No dejes que el éxito de otros te detenga, más bien aprende de ellos y continúa tu camino. Tuitea esta frase!

  4. Encuentra tus fortalezas.

    Al igual que todos, tú tienes oportunidades en la vida. También tienes talentos y recursos que puedes poner a tu disposición. Tú puedes cambiar tu entorno y cambiar tu vida ahora. La excusa no es una opción.

    Booker T. Washington se auto alfabetizó y siempre tuvo el deseo de educarse y desarrollarse. Su condición de esclavo no se lo impidió.

    Como persona de fe, encuentro mi fortaleza en Jesús. Para cada circunstancia difícil, yo respondo «sí, quiero ser sano». Para Él no hay excusa que valga.

Si eres de las personas que dan excusas, proponte cambiar. Cambia la excusa por excelencia. Sé responsable, determina qué es lo que te paraliza y enfrenta los problemas con los recursos que tienes. No te quedes acostado, levántate, toma tu lecho y anda.

¿Cuáles excusas están paralizando tu vida?

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Líderes de papel con pies de barro - Serafín Contreras - Ministerio Renuevo Plenitud