Este sábado 28 de marzo, Licelot y yo cumplimos once años de casados. En este viaje llamado matrimonio, he aprendido mucho sobre la vida y las relaciones.

Cuando entras a la vida matrimonial no es todo lo que se espera. Entras a un proceso de conocimiento y convivencia con otra persona. Entras a lo desconocido. Entras a un viaje que durante el trayecto siempre habrán turbulencias que atravesar. Una vez pasados los inconvenientes y habiendo aprendido de ellos, sientes la satisfacción de volar en un cielo despejado y tranquilo, pero preparado para el próximo «jamaqueón».

Estas son las once lecciones que he aprendido con la mejor copiloto, mi esposa.

  1. La palabra «enamorado» no existe.

    Cuando entras al matrimonio no existe la palabra «enamoramiento». Lo que comienza después es el verdadero amor: el amor sin condición. No es un sentimiento, es tomar la decisión de amar.

  2. No puedes cambiar a tu pareja.

    Traté y traté de cambiar el comportamiento de Licelot, hasta que me di cuenta que era yo quien tenía que cambiar primero.

  3. A celebrar las cosas buenas y olvidar las malas.

    Celebramos las cosas buenas, aprendemos de las malas y dejamos atrás las que han sido necesarias olvidar. Al principio sacábamos los «trapitos al aire». Hemos aprendido a olvidar y mejor concentrarnos en lo bueno.

  4. A ser un equipo, tu pareja no es el enemigo.

    Nuestras discusiones comienzan a forzar para ganar el argumento o para saber quién tiene la razón. Tu pareja está de tu lado, lo mejor es trabajar juntos.

  5. A servir y no ser servido.

    A veces pensaba con la mente machista, «mi mujer debe servirme», pero recuerdo que el verdadero hombre de la casa debe ser un «líder servidor».

  6. A ser sincero el uno con el otro.

    Tu pareja debe ser tu mejor amigo. Ella sabe cómo me siento, cuáles son mis problemas y mis frustraciones.

  7. A comunicarnos mejor.

    La comunicación es un área fundamental en todos los aspectos. Nunca llevarás el barco al mismo destino con dos capitanes que piensen diferente.

  8. El matrimonio es una inversión de por vida.

    Steven Covey habla sobre hacer depósito en una «Cuenta Bancaria Emocional», así mismo, el matrimonio es como una cuenta de ahorros en donde debemos hacer depósitos regularmente. Depositar confianza, seguridad y comprensión. La idea es ir creciendo, avanzando y mejorando la relación.

  9. A querer las diferencias.

    Al principio Licelot y yo teníamos dos metas comunes: teníamos el deseo de buscar más de Dios y cómo decoraríamos nuestra casa. Todo lo demás eran diferencias que hemos ido aceptando poco a poco. De hecho, nuestras diferencias nos complementan.

  10. A tener sueños, fe y esperanza.

    Después de haber pasado algunos desafíos, hemos aprendido a animarnos el uno al otro. Hablar de nuestros sueños con la fe y esperanza de verlos cumplidos en el tiempo de Dios, nos anima a seguir con la mirada hacia adelante y con acción de gracias.

  11. A confiar en Dios para todo.

    Cristo debe ser el centro. Sin Él no sabríamos dónde estaríamos.

Estas lecciones no son sólo para el matrimonio sino también para la vida. Es algo que nosotros y nuestros hijos vamos a agradecer. Al evaluar estos once años me animan a sembrar más y más en nuestra relación. Ya estoy emocionado por saber que agregaré el próximo año.

¿Qué has aprendido después de un buen tiempo en tu relación, ya sea matrimonial o de amistad?

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