Si te preguntan qué es lo más importante de tu vida, qué responderías? ¿Qué es lo que más añoras? ¿Por qué o por quién darías tu vida? Puedes responder: “tus hijos, tu esposo(a), tu trabajo, tu casa, tus padres”. Puedes responder: “para ganar dinero”, “para darle lo mejor a mis hijos”, “para sobrevivir”, "porque tengo que hacerlo”, “esa es la vida que me tocó” y así sucesivamente.

Estas respuestas son válidas siempre y cuando tu verdadera motivación sea la correcta. Si no es así, tu vida caerá en rutinas sin sentido. Más bien deben ser tareas que haces con un propósito y con objetivos claros.

En lo personal lo logro cuando pongo a Jesucristo como cabeza de mis prioridades.

Como persona de fe lo más importante de mi vida es amar al Señor. Tuitea esta frase!

Siempre hay tareas que no me gustan hacer. Muchas veces no tengo otra opción. Pero cuando mi enfoque está dirigido hacia la persona de Jesús todo cambia. Tengo una nueva perspectiva.

Hago lo que hago no pensando en las cosas de este mundo, más bien en la perspectiva que tiene Dios.

Tuitea esta frase!

Hay tres componentes que me ayudan a poner a Dios como prioridad en mi vida:

  1. Compromiso

    Todo en la vida requiere un compromiso. Cuando yo me comprometo con el Señor de amarlo, voy a buscar su presencia cada día y en cada momento. Lo hago mediante: la oración, su palabra, me congrego con mis hermanos y testifico de su poder en mi vida. Estar comprometido depende de mi. Es mi decisión que me llevará a buscar siempre su fuerza y su presencia.

    “Nunca dejen de ser diligentes; antes bien, sirvan al Señor con el fervor que da el Espíritu” Romanos 12:11

  2. Entrega

    Todo lo que tengo le pertenece a Dios. Cuando pienso de esta forma, no me apego a las cosas materiales. Mi perspectiva y el valor de las cosas cambian. Ahora hago mis tareas difíciles y que no me gustan con la idea de que “esto no es para mí, es para Dios”.

    Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo”. Colosenses 3:23

    Cuando pongo a un lado al Señor y no lo involucro en mis planes las cosas van mal. He ha aprendido a que el Señor me acompañe en cada tarea, por más pequeñas que seas. Le entrego mis aspiraciones personales, mis deberes familiares y todo lo que me rodea.

  3. Confianza

    Confiar es tener la seguridad de que Dios es quien va obrar. Yo hago mi parte de buscarlo y él hará su parte. Es estar tranquilo que a pesar de lo difícil que cruzar al otro lado, el estará junto a mi.

    Confía en el Señor y haz el bien; establécete en la tierra y manténte fiel. 4 Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón. 5 Encomienda al Señor tu camino; confía en él, y él actuará. Salmo 37:3-5

Cuando yo pongo en mi agenda amar a Dios, con un compromiso y entrega total, cumplo con el mandamiento: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente” Mateo 22:37 Tuitea esta frase!

Hago lo que hago porque amo a Jesús quien me salvó. Quien me ha convertido en nueva persona; quien me dice que soy coheredero de sus riquezas eternas; quien me dice que el está conmigo siempre; quien me dice que me ha empoderado con su poder y amor eterno.

Es tener el compromiso de ser sus discípulos con la revelación del Espíritu Santo, rendirme y entregarme totalmente a su voluntad. Confiar en que él hará su parte. Todo lo que hago es por él.

¿Qué hay de ti, tienes a Dios como tu primera prioridad en tu vida?

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