Si ya tienes un tiempo siguiéndome notaste que durante los meses de octubre y noviembre no escribí. La razón es porque estaba pasando por un período de transición.

Son estos momentos en donde se acerca un cambio de importancia en tu vida. Es como entrar a un túnel, especialmente cuando no lo conoces, no sabes qué tan lejos está la salida, no ves la luz al otro lado. Desde que entré a este proceso de transición todo había sido oscuro. Sentía que todo caía como fichas de dominó. Mi corazón había estado contristado y machacado por los distintos pensamientos que pasaban por mi cabeza.

Me imagino que tú también has pasado por tiempos así. Quizás te has encontrado en medio de una crisis como un divorcio, un cambio de empleo, la pérdida de alguien querido o quizás simplemente te has encontrado con algo o con alguien que te han retado a cambiar. Es importante saber que todos estos son momentos de transición que tienen un comienzo y un final.

A finales de octubre, pude asistir a una seminario en donde se habló precisamente de estos conceptos sobre la transición. Me quitaron los lentes oscuros que tenía puestos. Me permitió entender el proceso por el cual estaba pasando. ¡Dieron en el clavo! Mi visión fue más clara y más precisa. Son estos momentos que son orquestados por el Señor. Quizás podría sonar mejor: ¡Fue un momento orquestado por el Señor!

Todo cambio en la vida implica una inversión de energía emocional, física y espiritual. Te sientes tranquilo con lo viejo y lo conocido, por lo que no quieres avanzar hacia lo nuevo por temor. Sin embargo, no puedes perder de vista los propósitos y oportunidades que te ofrece un período de transición en tu vida:

  1. Te permite poner fin a tu experiencia reciente.

    Hay situaciones, roles o ciclos de vida que debes ponerle fin. Generalmente hay sentimientos, remordimientos hasta falta de perdón que debes dejar atrás. Es bueno poner fin a estas cosas.

    La creatividad y los esfuerzos ya no operan igual, por lo que es bueno moverte y dar un paso hacia adelante.

  2. Te permite expandir tu perspectiva de ver cosas nuevas.

    Quizás el dolor y frustración que pasé durante esos meses era parte de un proceso que tenía que pasar para llegar a ser lo que estoy destinado a ser. Un cambio de perspectiva me ayudó a dejar de ver las cosas pequeñas y permitirme ver las cosas maravillosas que me ofrece el mundo.

    Enfréntate a lo que no conoces, te ayudará a ver las cosas con nuevos ojos, quizás es el impulso que necesitas para poder avanzar.

  3. Te permite tener una relación más estrecha con Dios.

    El peor error que puedes cometer es tratar de resolver la situación con tus propios esfuerzos. Queremos tomar el control de la situación en medio de esta oscuridad, cuando en realidad es el mejor momento para buscar Su luz.

    El cambio nos lleva a la dependencia de Dios. Es un momento de aferrarse fuertemente a Su Palabra y meditar en lo que Él tiene que decirte. No sé qué hubiera hecho sin el consuelo de Dios que provino por Su Palabra y mis amigos que estaban a mi lado.

  4. Tal vez estás atravesando una transición, estás a punto de entrar o ya más bien estás de salida. Sea cual sea tu situación, toma un momento para reflexionar y en vez de enfocarte en tu frustración no pierdas de vista estos propósitos y oportunidades que te ofrece este momento.

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