Cuando fui estudiante de intercambio en Estados Unidos, una de las actividades que más me entusiasmaba practicar era la pelota, ya que era organizada, a diferencia de las ligas que había jugado en dominicana.

Desde pequeño estaba involucrado en la disciplina y me gustaba mucho. Pasé de ligas pequeñas a ligas más avanzadas. No significa que era bueno, pero me lo creía. Me sentía muy confiado.

Recién llegado al colegio en Carolina del Norte, me presentaron a quien sería mi coach de pelota. Dándome un fuerte apretón de manos me dijo «dominicano eh.. estoy ansioso por verte en las pruebas de primevera». A pesar de no haber jugado por mucho tiempo seguía con el pecho en alto.

«Sigo en el círculo de espera»

Los entrenamientos no fueron tan emocionantes como parecían. De mi parte tenía mucho tiempo sin haber agarrado un bate. Mucho menos jugar en una organización tan exigente. Las prácticas de bateo fueron fatales y con mucho esfuerzo apenas atrapaba los roletazos en segunda base.

Podía sentir la frustración de los «coachs» cada día. Cuando seleccionaron al equipo, me dejaron con la condición de que jugara con los estudiantes de primero y segundo, cuando me correspondía jugar con los tercero y cuarto.

«Abanica, para el primer “Strike”»

Encima de mi frustración, lo que más me dolió fue un comentario hecho por uno de los dirigentes: «Parece ser que no todos los dominicanos son buenos». Son de estos comentarios que no deseas nunca haber escuchado. Son de estas palabras que se quedan grabadas en tu mente. Se adhieren a tu corazón produciendo desánimo y falta de confianza.

«Ta’ duro y curvero»

Más tarde, 13 años después, me invitaron a jugar en un liga Cristiana de Softball. Cuando me paré en la caja de bateo por primera vez después de tantos años, adivina cuáles fueron las primeras palabras que me pasaron por mi mente… así es: «no todos los dominicanos son buenos».

Me retumbó en lo más profundo de mi ser. Si le di o no a la pelota, no importa. Esas palabras surgieron desde adentro provocando desconfianza y desánimo nuevamente.

«Tiempo… necesito hablar con el coach».

En aquel tiempo como estudiante de intercambio, a pesar de mi frustración, tuve la oportunidad de contar con buenos amigos y mentores, incluyendo mi padre anfitrión, quienes me animaron, me contaron historias y anécdotas para darme confianza para seguir adelante.

Recuerda a David justo antes de enfrentar a Goliat. David fue rechazado tres veces.

  1. Por su hermano.

    «Eliab, el hermano mayor de David, lo oyó hablar con los hombres y se puso furioso con él. Le reclamó: ¿Qué has venido a hacer aquí? ¿Con quién has dejado esas pocas ovejas en el desierto? Yo te conozco. Eres un atrevido y mal intencionado. ¡Seguro que has venido para ver la batalla!»

  2. Por Saúl.

    «¡Cómo vas a pelear tú solo contra este filisteo! No eres más que un muchacho, mientras que él ha sido un guerrero toda la vida».

  3. Por Goliat.

    «Le echó una mirada a David y, al darse cuenta de que era apenas un muchacho, trigueño y buen mozo, con desprecio le dijo: ¿Soy acaso un perro para que vengas a atacarme con palos? Y maldiciendo a David en nombre de sus dioses, añadió: ¡Ven acá, que les voy a echar tu carne a las aves del cielo y a las fieras del campo!»

David tenía puesta su confianza en Dios. Una y otra vez no dejó que esas palabras lo desmotivaran ni desanimaran.

  • El Señor tiene buenos pensamientos de ti.

    No dejes que otras personas te desanimen. No importa lo que tu hagas, lo importante es quien tu eres en el Señor.

    «¡Nadie tiene por qué desanimarse a causa de este filisteo! Yo mismo iré a pelear contra él».

  • El Señor está contigo siempre.

    «El Señor, que me libró de las garras del león y del oso, también me librará del poder de ese filisteo».

  • Toda nuestra confianza debe estar en el Señor.

    «Yo vengo a ti en el nombre del Señor Todopoderoso, el Dios de los ejércitos de Israel, a los que has desafiado».

«Le dí en la madre»

Durante ese año aprendí muchísimo sobre pelota. La verdad fue que mejoré bastante. Hasta recibí el trofeo al «jugador de mejor progreso».

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Todavía me invitan a jugar softball, no sé si aún estoy interesado. Pero una cosa es cierta. Mi confianza está en el Señor, nada ni nadie me desanima. Gracias a Él he superado estos pensamientos.

Me encanta esta historia del pequeño David que ha hecho posible despertar, crear y avanzar.

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No importa lo que tu hagas, lo importante es quien tu eres en el Señor. Tuitea esta frase!

¿Qué palabras te han dicho que te han frustrado y han afectado tu identidad? Entrégalas al Señor y recibe a cambio lo que Él tiene para ti.

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  • Edgar J Rodriguez

    Gracias.

    • http://juancarlosperezgomez.com/ Juan Carlos Pérez Gómez

      Hermano! un fuerte abrazo para ti y saludos a la familia. Muchas gracias!