El modelo de disciplina de hoy día está deteriorado en nuestra sociedad, se aparta de buenas enseñanzas bíblicas restando importancia a su poder y su valor. ¿Cuál es la mejor forma de disciplinar a nuestros hijos? ¿Está bien darles «nalgadas»?

Desde el momento que supe que iba a ser papá una de mis preocupaciones era cómo criaría a mis hijos. Mi esposa y yo leímos varios libros, buscamos consejos de personas piadosas, asistimos a charlas y nos instruimos con lo que dice la Biblia al respecto.

Nuestro rol como padres es criar líderes preparados para el mañana. Por lo tanto, nos hemos valido de valores y principios bíblicos que nos han ayudado con nuestra tarea.

“Corrige a tu hijo, y te dará descanso, y dará alegría a tu alma. Proverbios 29:17 RV60

Ahora bien, una de las enseñanzas que ha causado controversias en los últimos tiempos sobre la disciplina y con lo que dice la Biblia es específicamente con «la vara de la corrección». Hoy día hay tendencias psicológicas e investigaciones que dicen que no es bueno dar «nalgadas» a nuestros hijos. Recientemente en el periódico El Caribe salió un pequeño comentario sobre el tema:

«Recientes estudios realizados por instituciones estadounidenses concluyeron que los correctivos conocidos como “nalgadas” causan daño cerebral a los niños.

Añaden que tampoco sirven para disciplinar y educar a los más pequeños de la casa.»

Periódio El Caribe

La verdad Bíblica

El problema con esto y por la que no estoy de acuerdo es que contradice lo que dice la misma Biblia al respecto. Hay una verdad que he aprendido durante mi trayecto como hombre de fe, son las bendiciones que ha traído la Biblia a mi vida. No puedo dejar pasar por alto sus enseñanzas. Estos principios sobre la «corrección a nuestros hijos» no han sido la excepción.

«No dejes de disciplinar a tus hijos; la vara de castigo no los matará. La disciplina física bien puede salvarlos de la muerte» Proverbios 23:13-14 NTV

Hemos estado en casa de familiares o amigos y cuando nuestros niños merecen una disciplina, sacamos nuestra «vara de corrección» y todo el mundo se asusta. Comienzan a decirnos «que somos unos abusadores», «que cómo es posible», «que vamos a matar a esos muchachos». Luego de no hacer caso a los comentarios y aplicar la corrección a nuestros hijos, aprovechamos para explicar nuestro proceso de disciplina. Inmediatamente las aguas se calman. Se dan cuenta que no se trata de maltratarlos, ni mucho menos abusar de ellos. Es simplemente un proceso que lleva a la corrección, educación y restauración del niño.

“La vara y la corrección dan sabiduría; mas el muchacho consentido avergonzará a su madre” Proverbios 29:15

Una de los primeros libros que leímos sobre el tema, «¡Señor, que mis hijos de te amen» de Rey Matos, dio la respuesta que estábamos buscando sobre la crianza de los niños en el Señor. El Pastor Matos habla sobre el proceso de disciplina que nosotros hemos adoptado y adaptado, ajustados a los principios bíblicos. Entendemos que nos ha ido muy bien y me gustaría detallar nuestro proceso y compartirlo contigo esperando que pueda ayudarte a ti también:

  1. Traza límites claros.

    Es importante entender que no aplicamos una «pela» por cualquier cosa. La disciplina comienza con la desobediencia. Generalmente cuando ellos se resisten a la autoridad. Cuando transgreden esos límites sin perder tiempo se inicia el proceso. No contamos hasta tres, nos aseguramos que el niño entendió nuestro mandato y si no, nos paramos, tomamos al niño y lo llevamos al baño.

  2. Pregúntate cuál es la necesidad del niño.

    Dependiendo de la edad, a veces ellos transgreden los límites inconscientemente por que necesitan algo. A veces están muy cansados, o tienen hambre o simplemente están faltos de cariño y atención. Debemos asegurarnos que esas necesidades estén cubiertas.

  3. Explícale bien claro la razón de la disciplina.

    Ellos deben tener bien claro cuál fue su error. De acuerdo a su edad entenderán mejor y tendrán más consciencias sobre los hechos. Nosotros comenzamos a disciplinar a nuestros hijos desde el primer año. Creánlo o no ellos entienden muy bien cuando se les explica.

    Siempre dejamos claro que esa mala conducta no le agrada a Dios, ni a nosotros, sus padres.

  4. Exprésale tu amor.

    Es importante expresar todo tu amor, afecto y cariño hacia el niño. A ellos les duele no tanto la «pela» que van a recibir, si no más bien sienten el dolor de que papi y mami quienes los ama tanto lo van a corregir.

    “Siempre la disciplina se aplica en un contexto de amor y por amor, nunca como un desahogo de ira”. Rey Matos

    Al mismo tiempo expresamos palabras de ánimo diciendo “Papi te ama y está muy orgullo de ti porque eres un niño muy bueno y obediente”.

  5. Aplica la pela acorde a su edad.

    Según la edad damos un poquito más suave o más duro. Cuando hablo de más duro no quiero decir un golpe para dejarle un morado al niño, eso sería un abuso. Es un ligero golpecito, es más un acto simbólico.

  6. Consuela al niño.

    Luego de «la pela» viene la consolación. Los abrazamos, les secamos las lágrimas confirmando nuestro amor incondicional y expresando nuestro amor a pesar de su comportamiento.

  7. Ora con él.

    Parte de la restauración, es la oración. Guío al niño en una sencilla oración en la cual exprese su arrepentimiento y pida perdón a Dios, a papi y si ofendieron a alguien más mencionamos su nombre.

  8. Asegúrate de terminar con una sonrisa.

    No salimos del baño (nuestro lugar de disciplinar) hasta que salimos con una sonrisa y todos contentos. A veces ellos por la desesperación quieren salir corriendo y salir del paso. Me aseguro de que salgan alegres y dispuestos a pedir perdón y abrazar si han ofendido a una persona (regularmente uno de sus hermanos o su mamá).

Una vez salimos del baño y al ver lo contento que estábamos, nuestros amigos me dijeron: «¡Pero tú no le diste!». Esta es la idea de una buena restauración. Salir como si nada hubiera pasado.

Este proceso puede durar hasta 20 minutos. Yo he salido del baño empapado de sudor. No es fácil y es un proceso tedioso, pero necesario si queremos tener éxito en criar a nuestros hijos.

Causaremos un daño cerebral a nuestros hijos siempre y cuando no apliquemos la disciplina correctamente. También es importante aclarar que cada niño es diferente y el proceso varía dependiendo de su personalidad.

Hemos cometido y seguimos cometiendo errores. Muchas veces tiene que ver con nuestra educación y como nos criaron a nosotros mismos.

Algunos errores cometidos:

  • Pegarle con ira. A veces nuestra primera reacción es pegarle estando airados. Uno de los propósitos de expresar nuestro amor durante la corrección es neutralizar las emociones y controlar la ira causada por el momento.
  • Pegarle con las manos. Una de las consecuencias de tener ira al pegarles es que a veces se nos escapa un “manoplazo” sin querer. Nuestras manos deben ser símbolos de amor y afecto. Por eso eso usamos «la vara».
  • Pegarle con cualquier cosa. Nuestra generación siempre cuenta que cuando fuimos niños se nos pegaba con lo primero que apareciera. «la vara de corrección» debe ser un objeto único. Tiene un significado y siempre lo guardamos en un mismo lugar.
  • Sentir lástima. No debemos sentir lástima. Cuando sentimos lástima faltamos el respeto por sí mismo. Los niños se dan cuenta y pierden el respeto a la disciplina. Debemos ser firmes y estar seguros de lo que estamos haciendo.
  • Ser inconsistentes. Si las reglas están claras debemos seguirlas y no fallar en esto. Si somos inconsistentes los niños se darán cuenta que es un relajo, verán que nuestra palabra no vale nada y perderán el respeto. También por pereza no queremos agotar el proceso y dejamos pasar la disciplina por alto.
  • Pegarles frente a otros. La disciplina se debe hacer en un lugar privado a solas. Si los regañamos frente a otros, les estamos faltando el respeto.

Mi hijo mayor de 7 años y medio, Juan Diego, ya casi no recibe disciplina, ha aprendido a obedecer a la primera. Lucas Matías de cinco año, está en el proceso y cada vez se están reduciendo las pelas, Daniel de tres años, es el que está más activo, pero entiende perfectamente el significado.

No somos padres perfectos. Nuestros hijos no son perfectos. Pero lo que dice la Biblia es perfecto. Estas verdades bíblicas han traído bendición a nuestra familia, no lo contrario. No veo ninguna razón para no hacerle caso. Siempre estamos dispuestos a seguir aprendiendo, escuchar otras opiniones y mejorar.

«Corrige a tu hijo mientras aún hay esperanza; no te hagas cómplice de su muerte». Proverbios 19:18 NVI

¿Estás de acuerdo con disciplinar a tus hijos de esta forma? ¿Qué áreas puedes mejorar?

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