Cada palabra, actitud o trato frente a nuestros hijos siembra algo positivo o negativo en ellos. El reto es ser la persona que nosotros queremos que nuestros hijos sean. Como padre de tres varones tengo una tarea importante: ser un hombre responsable que ame a Dios y a su familia. Mi deber es modelar principios básicos para lograr en ellos la misma actitud.

«Un padre puede ser la sombra brillante para un hijo» Robert Lewis.

Cada Palabra Cuenta

Una vez fui a una caja de bateo con mis hijos. La persona que estaba delante de nosotros le gritaba al que estaba bateando «mira a ese maleta, tú no le das a ninguna, salte de ahí que tú no sirves para nada».

Cuando tocó mi turno, yo entré un poco asustado porque quería causar buena impresión frente a ellos y a mis hijos, sin embargo mis hijos gritaban con voz fuerte: «¡Dale papi tú puedes, mira la pelota!». Estaba sorprendido de cómo ellos me animaban. A pesar de no darle tan fuerte y bien, ellos estaban súper contentos y orgullos de su padre. Cuando salí me siguieron animando: «¡lo hiciste bien papi!». Al final me sentía bien porque sus palabras de ánimo eran un reflejo de las mismas palabras que yo había utilizado con ellos.

Cada palabra que sale de nuestra boca cuenta. Nuestros hijos captan todo lo que hacemos y cómo nos comportamos. A veces se nos pueden escapar palabras que pueden herir profundamente su corazón. Mi hijo Lucas se siente derrotado cada vez que le hablo mal o le digo algo que no debí. A veces tengo que analizar por qué le levanté la voz, por qué le hablé de esa manera. Es en ese momento cuando tenemos que ir a donde ellos, darles amor y pedirles perdón.

«Para bien o para mal, la familia es el producto de lo que somos». Un producto negativo da como resultado hombres que se encuentran solos; hombres que provocan problemas; hombres confundidos que no tienen motivos porque vivir. Esa no es la clase de hombres que quiero criar.

Así que mi responsabilidad como padre es levantar hombres que estén dedicados, confiados, apasionados, seguros de sí mismo y con un propósito. Es por eso que debo invertir en ellos valores, principios y un código de conducta que rija sus vidas. Debo de darle una motivación, algo por lo que vivir, al margen de ellos mismos.

Haz que cada momento que estés al lado de tus hijos cuente. Tuitea esta frase!

¿Cuál es la escala de valores que quiero que aprendan? Quiero asegurarme que reciban:

Palabras de bendición

Que tu boca sea fuente de vida. Trato siempre de animarlos con palabras de afirmación y admiración, bendecirlos con afecto y profetizar sobre ellos.

El ánimo les ayuda a seguir adelante; a no darse por vencidos; a levantarse cuando caen. Es decirles «Estoy orgulloso de tí» (admiración) o «tú eres bueno» (afirmación). Así como en la caja de bateo, había recibido lo que había invertido en ellos y al mismo tiempo es divertido y gratificante ver cómo mis hijos se animan entre ellos.

Profetizar es hablares bendición y no maldición. Es establecer en ellos una condición positiva de su persona. En vez de decir: «Tú nunca recoges tu cuarto y cuando seas grande vas a ser un cochino», profetizar sobre ellos es decir: «Tú eres un niño ordenado que recoge siempre sus juguetes».

Nuestros hijos necesitan saber que nosotros los amamos, no lo des por sentado, ¡díselo! Esto tendrá un impacto positivo. Con un sólo “Te quiero” diario mostrarás afecto y cariño.

Respeto

Ellos son otra persona más que por más inmaduros que sean, no podemos jugar con sus sentimientos y emociones. Respetamos a nuestros hijos cuando les damos la importancia que ellos merecen:

  • Pasar tiempo de calidad. Como pases tu tiempo es un reflejo de lo que es importante para ti. Si realmente valoras a tus hijos, entonces sacarás el tiempo para estar con ellos. Me “clavan un cuchillo en el estomago” cada vez que Juan Diego o Lucas me dicen: «Papi tú siempre estás trabajando» o «Papi hoy es sábado, deja la computadora».
  • En la toma de decisiones familiares. Recientemente nos mudamos una de las primeras personas a la que le preguntamos fue a nuestro hijo mayor, Juan Diego, queríamos que él se sintiera parte del proceso de decisión que como familia estábamos tomando.
  • No avergonzarlos en público. No regañarlos frente a otros, mucho menos gritarles, incluso delante de sus propios hermanos. Cuando uno de mis hijos necesita ser disciplinado, los otros dos van detrás de mí, curiosos para ver el proceso de la pela. Eso no lo podemos permitir. Es un momento para estar a solas entre el niño y papi. Cierro la puerta del baño sin que los demás puedan ver.

Haz que cada momento que estés al lado de tus hijos cuente. Enséñales a amar, a perdonar y asegúrate que escuchen palabras de bendición y nunca les faltes el respeto. Te aseguro que estarás levantando líderes confiados, seguros y responsables.

¿Cuál fue la última palabra de ánimo hacia tu hijo? ¿Cómo le has faltado el respeto a ellos en los últimos días?

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