Durante mi niñez veía a un Dios muy lejano de mí. A pesar de haber estudiado en un colegio católico, me hablaban de Jesús pero para mí no tenía mucho sentido. No conocía a Dios.

Recuerdo cuando alguien me habló acerca de Jesús fuera de las tradicionales personas como un Padre (Sacerdote). Fue en un retiro del colegio. No recuerdo las enseñanzas, pero sí quedé impactado por lo que estas personas me estaban hablando. Las clases sobre Jesús comenzaban a tener otro sentido. Fue la primera vez que sentí algo especial de parte de Dios. Definitivamente hubo algo que movió mi corazón.

Ese primer paso, puso en mí muchas inquietudes, muchas preguntas y muchos pensamientos sobre Dios. Me preguntaba por qué no concordaba el sentimiento que había en mi corazón con las cosas religiosas que veía en el exterior.

Comencé a leer mi primera Biblia que en el mismo retiro me habían regalado. Veía cómo las verdades y las preguntas se iban contestando. Cuando tenía más preguntas y más confusión acudía a mi mamá quien trataba también de explicarme la verdad.

No puedo decir que fue en ese momento que había aceptado a Cristo en mi corazón, ni tenía idea de lo que era estar en presencia de un Dios que salva y da vida, pero definitivamente la venda de mis ojos se había caído. La semilla se había sembrado. El movimiento había comenzado.

Muchas millas he recorrido desde entonces y cuento con Cristo en mi corazón, pero hay tres puntos que han cambiado la forma como veo a Dios en los catorce años que llevo conociéndolo. Es la misma doctrina, simple y sencilla, pero me quita una gran carga de encima y mi caminar con Dios es diferente.

  1. Dios quiere relación no religión.

    Cuántas cosas erróneas uno hacía con tal de lograr que Dios se fijara en uno, cuando la verdad es que no se trata de esforzarte para tratar de agradar a Dios. Dios quiere que estemos cerca de Él. Él quiere hablarte, hacer planes contigo, te hace promesas que no dejará de cumplir. Está de parte de nosotros si queremos entrar por la puerta que Él nos abre.

    Luego de vivir en un mundo de fantasía, me encontré con un Dios real y verdadero. Busca estar más cerca de Dios cada día. Incluye a Dios en tus planes y asignaciones. Piensa en Dios cuando estás en el carro, en el trabajo, en la escuela. En cada momento no dejes de pensar en Dios. Depende de ti si quieres disfrutar de ese caminar juntos.

    «Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo.» Apocalipsis 3:20

  2. Dios quiere lo mejor para ti.

    A pesar de las dificultades y pruebas diarias que puedas enfrentar, Dios quiere lo mejor para tu vida. Es entender esto que te llevará a ser una persona más agradecida con las pequeñas cosas que puedas tener. Es enfrentar cada día con la frente en alto porque tienes un Dios que te respalda, lucha y tiene buenos planes preparados para tu camino.

    «Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor —, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.» Jeremías 29:11

  3. Dios no lleva cuenta de tus errores y fracasos.

    No lleva una contabilidad en el cielo de las cosas malas que haz hecho. Dios a través de su gracia, te perdona y borra toda tus deudas. Esto me da mucha libertad y alegría, no de pecar, más bien de arrepentirme sin saber que seré juzgado y condenado. Después de todo, estas son las buenas noticias que Dios trajo al mundo.

    «Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús.» Romanos 8:1

Es por eso que como cristianos cada año celebramos que un día como hoy Dios envió a su Hijo para que a través de creer en él tuviéremos una vida plena. Cada día estoy orando para conocer más y más a Dios y como Moisés, quien una vez se atrevió a decir que «quería ver el rostro de Dios». Oro por mí para que la confusión y la oscuridad que había una vez no vuelva, también lo hago por ti y para aquellos que:

  • En algún momento han escuchado de Dios pero realmente no han experimentado su presencia.
  • Para aquellas personas que no saben quiénes son, ni el propósito que tienen en su vida.
  • Para los que se sienten solos en el mundo.
  • Para las personas que se sienten perdidos y su vida no tiene sentido.
  • Para lo que se sienten fracasados y ninguna esperanza de seguir adelante.
  • Para aquellos que están luchando con las finanzas cada día.
  • Para los que ven que su matrimonio está en peligro.
  • Para los que tienen problemas con sus hijos u otro pariente.
  • Para los que tienen problemas en el trabajo o en sus estudios.
  • Para aquellos que no tienen ningún tipo de esperanza.

Mi aventura con Dios ha sido diferente y he aprendido a tener y vivir la vida abundante que Él me da, ¡ahora! Es un proceso de prueba y error. Ahora mi enfoque no es tratar de complacerlo, sino conocerlo, ser su amigo y es quien me ayuda cada día a estar de pie viviendo para Él.

¿Cómo está tu relación con Dios? ¿Qué harías si te ofrecieran estar más cerca de Él?

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