Un joven me comentaba lo difícil que era la vida. Nadie lo quería, nadie quería estar con él. Se justificaba y decía que él tiene que ser así. Era el reflejo de cómo otros lo trataban. Se veía a sí mismo como una persona mala. Su vida no significaba nada.

Sentía un carga mientras estábamos conversando en el grupo pequeño en el campamento de jóvenes. Pensaba en las circunstancias que lo rodeaban, lo sentía perdido, indiferente y como si nada le importara y sin el ánimo de querer mejorar.

Veía cómo en su vida había culpa, inferioridad, rechazo, falta de aceptación, vergüenza, falta de amor. Este joven no podía dar lo que no tenía. Daba lo que él mismo proyectaba.

Es difícil tener una vida plena y feliz cuando tienes un concepto negativo de ti mismo.

Si no aprendes a aceptarte y a tener un pensamiento bueno de ti, también será difícil llevarte bien con otras personas. Dios quiere que «amemos a nuestro prójimo». Pero cada vez que reflejas una posición negativa de ti, es muy difícil expresar amor por otros.

La Biblia te muestra el amor incondicional que Dios tiene para ti.

Aprender a amarte a ti mismo a veces puede ser una tarea difícil. En cierto punto, me sentí identificado con él. Han habido ocasiones en las que mi identidad ha sido afectada y por lo tanto no he podido dar lo mejor de mí.

Ha sido un proceso que he aprendido poco a poco. Es permitir que las verdades de Dios entren a mi mente, se queden ahí permanentemente y al mismo tiempo dejar que el Espíritu Santo cambie mi forma de pensar.

Si no aprendes a aceptarte y a tener un pensamiento bueno de ti, también será difícil llevarte bien con otras personas.

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Muchas veces tenemos que decidir cambiar. Tomar decisiones para ser cada día un reflejo de Cristo. Si estas decisiones me ayudaron a mí, pueden ayudarte a cambiar a ti también.

  1. Decide no ser igual que antes.

    «desháganse de su vieja naturaleza pecaminosa y de su antigua manera de vivir, que está corrompida por la sensualidad y el engaño». Efesios 4:22

    Algo que me preocupaba de este joven era verlo luchando por querer ser mejor pero al mismo tiempo no querer cambiar. No dejar su pecado.

    Tienes que darte cuenta que el pecado te conduce a la destrucción. Tienes que querer ser mejor.

  2. Decide cambiar tu manera de pensar de ti.

    «En cambio, dejen que el Espíritu les renueve los pensamientos y las actitudes». Efesios 4:23

    Debes dejar que el Espíritu Santo renueve tu mente. Que tus pensamientos sean renovados para querer ser más como Cristo.

    Por ejemplo: no hables cosas negativas de ti mismo. Este joven decía de sí mismo «soy malo, soy un ladrón».

    Comienza a rechazar la forma como te ves y piensas de ti. Deja de decir cosas como «soy un fracaso», «soy tonto», «no soy nadie», «nadie me hace caso», «soy feo».

    Cambia tu forma de pensar, habla cosas buenas de ti.

    Recuerda que «De la abundancia del corazón habla la boca», Mateo 12:34. Más bien, declara las verdades que Dios dice sobre ti. Puedes comenzar por estos dos artículos «No dudes de ti mismo» y «Cuando te sientas cargado».

  3. Decide desarrollar buenos hábitos.

    «y ponerse el ropaje de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad». Efesios 4:24

    Los hábitos son la forma como te conduces habitualmente. ¿Cómo se conducía Jesús? Jesús mostró amor a todos. Puedes comenzar por ahí.

    Desarrolla hábitos como mostrar una sonrisa a los demás; a decir buenas confesiones sobre tu persona; a verte como una persona amable, bondadosa y agradable.

Al aprender a quererte más y ser más como Cristo vas a disfrutar más de la vida y de las personas que te rodean. Serás de influencia a otros y estarás cumpliendo mejor el mandamiento de «amar a tu prójimo».

Tengo una tarea especial con este joven y otros jóvenes como él: orar y buscar la oportunidad de mostrar el amor que ellos nunca han recibido de otros, «el amor de Cristo». Porque si Dios me cambió a mí, también lo puede hacer por él y por ti.

¿Cómo puedes empezar hoy a cambiar tu manera de pensar acerca de ti mismo?

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